Entrevista a Roberto Romero Pérez

La participación de las comunidades en la definición de los proyectos y obras que tienen como fin mejorar de algún modo su calidad de vida no siempre es tenida en cuenta por los gobiernos e instituciones locales.

Esta es una realidad que se repite en todos los países de América Latina. Y en el caso particular de las tecnologías para la provisión de los servicios de agua y saneamiento, la falta de participación social conlleva muchas veces a que, a pesar de las buenas intenciones, las obras que se construyen caigan finalmente en el desuso.

La eficacia y sostenibilidad de estas tecnologías, depende entonces, en gran parte, de que las comunidades las adopten o, en otras palabras, se apropien de ellas.

Con este fin, Roberto Romero Pérez, junto a su equipo de trabajo en el área de Participación Social del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua, vienen implementando hace varios años estrategias o metodologías de apropiación social de tecnologías de agua y saneamiento en diferentes comunidades rurales y periurbanas de México.

Sobre esta experiencia, que involucra la participación de las comunidades desde la definición de las soluciones a su problemática de abasto de agua y saneamiento hasta su compromiso con la sustentabilidad del sistema, dialogamos con Roberto Romero Pérez, quién, entre otras cosas, remarcó la importancia que tuvo para el mejoramiento de México en esta materia, el intercambio de experiencias con otros países de América Latina.

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de metodologías/estrategias de apropiación social de tecnologías de agua y saneamiento y a qué tecnologías se refiere?

Los antecedentes de esta estrategia que diseñamos en el IMTA se remontan a un convenio de colaboración con el Programa ONU Hábitat en 2011, un Proyecto que duró hasta 2015-2016, y que tenía como meta diseñar una estrategia que le diera una alternativa a las comunidades marginadas, a las que vivían en condiciones de aislamiento en el Estado Nación, y esto nos remite a las localidades rurales pero también a las periurbanas, las que van creciendo en los márgenes de las ciudades y las montañas y donde el acceso es difícil por las condiciones holográficas. En fin, tanto las comunidades rurales como las periurbanas comparten condiciones en el sentido de que son comunidades aisladas en situaciones técnicamente difíciles para poder llevarles tecnologías convencionales.

En el contexto mexicano de aquella época, 2011, todavía teníamos una situación de alrededor de 10 millones de personas sin acceso al agua potable y 25 millones que no tenían agua dentro de sus viviendas. Estas personas estaban ubicadas en esos espacios geográficos rurales y periurbanos.

Y si hablamos de saneamiento la situación era peor porque el servicio de saneamiento en México contaba con infraestructura para tratar apenas el 42% de las aguas residuales, aunque nominalmente porque muchas de las plantas de tratamiento o no estaban funcionando o estaban totalmente abandonadas, por lo que la situación respecto del saneamiento también era grave.

¿Qué  es lo que hicimos nosotros entonces ante esta situación?, pues buscar una estrategia que le diera alternativas tecnológicas a estas poblaciones utilizando tecnologías de las llamadas alternativas o apropiadas, que son básicamente tecnologías de bajo costo y de fácil operación, y ofrecer una manera de que la gente de bajos recursos pueda acceder a ellas.

«Para la intervención debes partir de un proceso de diagnóstico comunitario que te permita establecer qué tipo de tecnología es la más viable en esa zona y qué tipo de estrategia de participación puedes desarrollar. No puedes partir de realidades genéricas o estandarizadas»

Pero además pensamos en esta estrategia de apropiación tecnológica porque notamos que muchas veces se planteaban las soluciones como netamente técnicas, es decir que se tenía una alternativa tecnológica pero se descuidaba la parte social. Con esto me refiero a que no se involucraba a las comunidades, a los usuarios que iban a hacer uso de las tecnologías, en los procesos de introducción, de instalación, de operación y de mantenimiento de esas tecnologías. Había entonces que desarrollar una estrategia que promoviera y generara capacidades en la comunidad y también en sus autoridades.

Entonces, en resumen, nuestra estrategia de participación estaba centrada en esos dos niveles: por un lado la promoción de tecnologías alternativas frente a las grandes tecnologías centralizadas y por otro lado un fuerte proceso de desarrollo de capacidades comunitarias. Estrictamente es esto lo que caracterizó nuestra propuesta.

 ¿Cuáles son esas tecnologías alternativas y cuáles las estrategias de apropiación que se plantearon?

Las tecnoloías son las que se conocen genéricamente como alternativas. Para agua potable es básicamente la cosecha de agua de lluvia o de niebla. Y en cuanto al saneamiento lo que se impulsó e instalamos en varios casos aquí en México son humedales artificiales. Esa es para nosotros la tecnología más recomendada, aunque tiene sus inconvenientes porque si bien no ocupan energía eléctrica sino solar, los humedales requieren espacios grandes y ese es uno de sus principales inconvenientes. Otra alternativa son los biodigestores, que ocupan menor espacio, lo que hace atractiva esta tecnología, aunque su nivel de tratamiento no es el idóneo, no cumple las normas de calidad de agua tratada.

Y hubo una tecnología más que nosotros llamamos biofiltro para tratar las aguas jabonosas o aguas grises. Consiste en instalar en las viviendas un lavadero y de esa manera el agua jabonosa junto con los residuos orgánicos que se generan se canalizan a una jardinera donde la idea es que a través de estos biofiltros esa agua se pueda reutilizar para el riego de los jardines o el lavado de los patios.

Humedal Artificial en Alpuyeca en Morelos

¿Y qué me puede decir del proceso llevado adelante para que las personas puedan apropiarse de esas tecnologías y sepan utilizarlas? 

Lo que nosotros planteamos es que de entrada tienes que partir de un diagnóstico acerca de, por un lado, dónde vas a trabajar, cuáles son las condiciones físicas, naturales, holográficas, y por otro lado con quiénes vas a trabajar, cómo son las personas con las que vas a trabajar, cuáles son sus características económicas, socioeconómicas, culturales, cómo perciben el uso del agua, que cosmovisión tienen del agua en las diferentes comunidades , cuáles son sus niveles organizativos, quiénes son las personas en las que te puedes apoyar (los referentes comunitarios). Es decir que para la intervención tienes que partir de un proceso de diagnóstico comunitario que te permita establecer qué tipo de tecnología es la más viable en esa zona y qué tipo de estrategia de participación puedes desarrollar.

Entonces desde ahí parte nuestra estrategia, de conocer las realidades específicas en las que vamos a trabajar. No puedes partir de realidades genéricas o estandarizadas o desde una visión netamente ingenieril. Esta visión considera que las tecnologías pueden ser aplicadas siempre independientemente del lugar. En fin, no parten del conocimiento específico de la realidad en la cual se va a trabajar.

Y luego, una vez que vas realizando el diagnóstico identificas los actores sociales más relevantes, es decir, con quién te puedes aliar y también actores que pueden ser opositores a tu planteamiento o propuesta. Y debes ir desarrollando estrategias de sensibilización para que la gente vaya siendo partícipe de la propuesta tecnológica que estás planteando y pueda ir sumándose de manera convencida y participando del proceso para que puedan a la vez conocer cómo se instalan, cómo se operan y cómo se mantienen esas tecnologías.

«Debemos aprender a romper con esa idea de que la mejor tecnología es la última. Si no hay un proceso de empoderamiento, de capacitación y de fortalecimiento de las comunidades no habrá solución por más que se instale la tecnología más avanzada, justamente porque la tecnología por sí misma no es la solución»

En fin, se trata de identificar con quién vas a trabajar y realizar talleres de sensibilización y capacitación para generar estos procesos de conocimiento o construcción de capacidades. Una vez que vas desarrollando este proceso y vas instalando la tecnología tienes que reunir un grupo de personas que conformen lo que nosotros llamamos un Comité de Operación y Mantenimiento de las tecnologías. Para ello convocas a un conjunto de personas específicas con conocimientos técnicos, financieros, etc., para que sean los responsables comunitarios de la operación de la tecnología.

Sucede mucho que las instituciones instalan las tecnologías y una vez que se van esas tecnologías se olvidan, caen en desuso y se vuelven elefantes blancos. Por eso nuestra apuesta es siempre dejar un grupo de personas comprometidas para que hagan este tipo de seguimiento en la operación de las tecnologías.

Se trata de la implementación de un proyecto de manera integral de modo que no solamente se provea a las comunidades de estas tecnologías sino que también los beneficiarios se apropien y los Comités de Operación y Mantenimiento garanticen el cumplimiento del fin último que es que las tecnologías se utilicen y que ese uso se prolongue en el tiempo.

Exactamente, debemos tener esta visión de largo aliento, integral como bien la llamaste tú. Pero al final se trata de que lo que hagas tenga un uso adecuado y sustentable o sostenible en el tiempo. Es decir, que no suceda que cuando termina la etapa de intervención, cuando se va la institución o grupo que llevó la tecnología, esta caiga en el desuso. Esto sucede justamente porque no se da la adopción social de la tecnología. El éxito de un programa se da cuando la comunidad se apropia, hace suya, la tecnología.

Cisterna de captación de agua de lluvia

De ahí la importancia fundamental que tiene la participación social en la diagramación de los proyectos

Exactamente ese es el espíritu. Involucrar a la comunidad en la implementación del proyecto prácticamente en todas las etapas. Llegas tu como institución gubernamental con una propuesta tecnológica a un lugar donde hace falta el agua potable o el saneamiento y lo primero que tienes que hacer es saber si la comunidad percibe como necesaria esa tecnología que le llevas porque de pronto en el tema del agua es más factible que la gente tenga claridad de que el agua les hace falta porque el agua es vital, pero no es tan automático en el tema del saneamiento porque no necesariamente la gente que no tiene saneamiento lo considera como un problema. Hay que trabajar con ellos para validar estas necesidades y por lo tanto las soluciones.

Y cuando vas planteando las alternativas, la comunidad ahí debe participar. En el tema de la cosecha de agua de lluvia por ejemplo si tú vas a una comunidad donde no hay suficientes techos para cosechar agua vas a necesitar un área de captación. Entonces puede ser que la gente decida que cada vivienda necesita su propia cisterna o área de captación y lo quiere hacer de manera individual o familiar. Pero puede ser que si discutes con ellos encuentren que es mejor trabajar de manera colectiva y hacer una gran área de captación con alguna cisterna de almacenamiento mayor que sirva para más de una familia. Entonces aún ante una misma alternativa tecnológica si tú involucras a la comunidad puedes encontrar distintas maneras de ejecutarla.

«Las soluciones pueden variar y la alternativa tecnológica se puede adaptar a las condiciones de las localidades y eso lo tienen que determinar las mismas comunidades a través de espacios de participación y eso ayuda a que la gente se apropie»

Y en el tema del saneamiento, por ejemplo, haciendo participar a la comunidad puedes encontrar un espacio o terreno adecuado para instalar un humedal o puede que ellos no tengan ese espacio o no quieran ceder parte de sus terrenos y decidan que es mejor que cada vivienda tenga un biodigestor.

Entonces las soluciones pueden variar y la alternativa tecnológica se puede adaptar a las condiciones de las localidades y eso lo tienen que determinar las mismas comunidades a través de estos espacios de participación y eso ayuda a que la gente se apropie.

Las comunidades son después de todo quienes mejor conocen su propia realidad

Definitivamente, y por eso es sumamente relevante involucrarlos desde que empiezas y dejarlos a ellos involucrados una vez que tú te vas. El éxito de una intervención es la participación comunitaria.

En el marco de la Red Latinoamericana de Centros de Excelencia en Agua (RALCEA) se realizaron tres actividades de capacitación e intercambio de experiencias latinoamericanas sobre este tema de la adopción social de tecnologías para el agua y el saneamiento. El IMTA había actuado como disparador de estos encuentros planteando la necesidad de fortalecer sus conocimientos sobre procesos, estrategias y metodologías para alcanzar la adopción o apropiación social de tecnologías de agua y saneamiento. ¿Cómo ha sido ese proceso de fortalecimiento y cuál es el balance que hacen hoy?, ¿Cuáles han sido los logros/avances y cuáles las mayores dificultades de implementación?

Antes de que desarrolláramos las actividades de RALCEA trabajamos en el proyecto de ONU Hábitat pero teníamos más dudas que certezas y al involucrarnos con otras instituciones, con otras experiencias de Latinoamérica, pudimos conocer otras estrategias que se estaban desarrollando. Por ejemplo, en el primer taller que hicimos en México invitamos a gente de Water for people, del CINARA de Colombia y de una serie de instituciones que ya estaban trabajando en ideas que a nosotros recién se nos estaban planteando como soluciones. Se nos presentaba en esa etapa inicial el problema de que veíamos que muchos de los procesos o intervenciones del tipo que nosotros queríamos desarrollar en comunidades rurales y periurbanas tenían un alto índice de fallas porque no lograban consolidarse debido a que las tecnologías que se estaban instalando se abandonaban al poco tiempo. Entonces al ver estas carencias o insuficiencias de programas del tipo de los que nosotros estábamos desarrollando y al conocer experiencias de intervenciones de otras naciones pudimos observar donde estaban los puntos débiles y fuertes para ir mejorando las estrategias de intervención. Ahí fue que advertimos por ejemplo la necesidad de involucrar equipos interdisciplinarios. Los problemas son múltiples y requieren por lo tanto intervenciones complejas donde participen miradas de distintas disciplinas (ingenieros, sociólogos, antropólogos, comunicólogos). Esa fue una de las enseñanzas que obtuvimos.

Por ejemplo la maestra Marcela García del CINARA nos contó que las alternativas que se estaban privilegiando en algunos países de Latinoamérica eran las tecnologías de punta, que se planteaban como las mejores. Esas tecnologías, que se usaban en otras latitudes, no tenían sin embargo este componente de apropiación o empoderamiento comunitario. Observamos aquí la necesidad de poner la participación y apropiación comunitaria, y no tanto la tecnología, aunque sea la tecnología de punta, como eje del éxito en estos procesos.

Otra enseñanza que obtuvimos de estos encuentros fue la necesidad de intervención de distintas dependencias, es decir la multisectorialidad. Esto también fue un motivo muy notorio del fracaso de los programas que veíamos en México. Había por ejemplo una Secretaría de Medio Ambiente que les daba a los campesinos recursos para reforestar los bosques pero después llegaba la Secretaría de Agricultura y Ganadería y les ofrecía recursos para comprar motosierras para que talaran los bosques y sembraran cultivos. Entonces existía esta falta de sincronía entre los programas que hacía que no se pudiera avanzar.

Biofiltro para tratamiento de aguas grises en hogares

¿Y finalmente se logró mejorar esa coordinación intersectorial?

Para los proyectos que desarrollamos en el IMTA se ha logrado el trabajo multidisciplinario. En el Instituto tenemos un área de ingenieros muy eficientes y trabajamos paralelamente con ellos en cuatro proyectos.

La multidisciplinariedad entonces sí se logró, pero la multisectorialidad es un tema que todavía estamos trabajando. El proyecto que estamos desarrollando actualmente en el instituto es en el Estado de Puebla y consiste en dotar de agua potable y saneamiento a dos localidades marginadas. Y ahí sí estamos trabajando con una organización local, con los municipios o gobiernos locales y con fondos del CONACyT (Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología) que es la institución del estado mexicano que financia proyectos de investigación. Entonces poco a poco el tema de la multisectorialidad ha estado avanzando tratando de integrar distintas instituciones de diferentes niveles (federal, estatal y local) y actores locales.

Usted me decía hoy que muchas veces se instalan tecnologías de punta que luego las comunidades no utilizan. ¿Cuáles son esas tecnologías?

Creo que más que hacer referencia a tal o cual tecnología, lo que debemos aprender aquí es a romper con esa idea de que la mejor tecnología es la última. Aquí el mensaje debe ser que si no hay un proceso de empoderamiento, de capacitación y de fortalecimiento de las comunidades no habrá solución por más que se instale la tecnología más avanzada, justamente porque la tecnología por sí misma no es la solución.

Las tecnologías que en México no funcionan son las mecanizadas. Las plantas de tratamiento mecanizadas, las que utilizan energía eléctrica, ya que terminan siendo usadas a medias o abandonadas porque quienes pagan la energía eléctrica son normalmente los municipios y éstos no cobran por ese servicio, no tienen recursos y por ende las terminan abandonando.

Allí usted menciona un ejemplo claro de que las tecnologías deben adaptarse a las realidades de cada lugar, entre ellas a la realidad económica de los estados y de la comunidad.

Exactamente, recuerda que nuestra experiencia del principio fue con localidades aisladas, marginadas. Las tecnologías mecanizadas sirven en ciudades donde no hay espacios para instalar un humedal. Imagínate en la Ciudad de México por ejemplo adónde viven millones de habitantes y donde ya no hay espacios verdes, pues difícilmente vas a poder tener un espacio suficiente para instalar un humedal artificial. Ahí la alternativa técnicamente viable son las plantas de tratamiento mecanizadas, porque además hay recursos de la ciudad que pueden financiar el pago de la energía eléctrica y los insumos que necesita la operación de la planta.

Entonces para los sectores urbanos que disponen de recursos humanos, económicos y técnicos sí puede ser viable la alternativa tecnológica mecanizada pero en localidades urbanas y periurbanas marginadas que no cuentan con esos recursos debemos pensar en tecnologías alternativas.

Otra de las cuestiones vinculadas con la participación comunitaria es el mejoramiento de las condiciones de acceso al agua, por ejemplo si una comunidad ya utiliza la cosecha de agua puede mejorarse el mecanismo de esa tecnología alternativa, para que sea más efectivo.

Claro, tampoco es que uno llegue con el hilo negro, porque hemos llegado a las comunidades y la gente ya cosecha su agua de lluvia, ya tiene un sistema rústico de captación de agua de lluvia porque al final de cuentas al agua la necesitamos todos y la obtienes como sea. Entonces en cualquier lugar al que llegas ya conocen el sistema de captación de agua de lluvia pero se trata muchas veces de sistemas muy precarios que no garantizan una calidad de agua adecuada y es allí donde tú tienes que ver cómo lo están haciendo y a partir de sus realidades, de cómo lo están haciendo y de lo que conocen, ver si se les puede aportar algún conocimiento adicional que ayude a mejorar ese sistema rústico para que la cantidad y calidad del agua que van a obtener luego de tu intervención sea mejor y eso reditúe en una mejor calidad de vida.